Fin de semana de Reyes. Parador de Sigüenza (España). Tras una agradable comida pregunto al camarero si la “Pirámide de chocolate” es un postre muy grande. “No”, contesta secamente. Muy bien, pienso, pero no ¿en relación a qué?…imagino que no será muy grande en relación a la pirámide de Keops, por poner un ejemplo. Quizá el camarero podía haber sido un poco más amable o simplemente un poco más explícito. Decido no seguir preguntando.
Anochece. Bajamos a tomar una infusión al salón de noche que hay para los clientes del hotel. Hay que pedir en la cafetería que se encuentra en otra habitación. Contamos con 4 manos para llevar: 2 tazas con sus 2 platos, 2 teteras, 2 copas y una botella grande de agua.
“Por favor, ¿para llevar lo que hemos pedido al salón?” pregunto. “¡Ah!, ¿pero es que quieren que se lo lleve yo?” me contesta la camarera. “”Bueno si me da una bandeja lo llevamos nosotros mismos pero es posible que termine todo por el suelo” le respondo, mordiéndome la lengua para no añadir “pero no se preocupe que luego entro friego los cacharros, el horno y voy preparando el desayuno de mañana, no se me vaya usted a molestar”.
Observo cada vez más que se ha olvidado que algunos empleos vienen dados con una característica intrínseca a ellos que obliga a quien los desempeña a lucir de forma casi sistemática una agradable sonrisa y un tono de voz adecuado. Estas personas se convierten en espejo y relaciones públicas de la empresa. Son trabajos, también es cierto, normalmente mal pagados y con una valoración social que oscila entre lo ignorado y lo reprobable. Son los trabajos de cara al público.
Todos somos humanos y todos tenemos malos momentos, por lo que, puede ser que un día te toque el camarero, la recepcionista, el dependiente o la enfermera más agradable del mundo pero que justo ha tenido un pésimo día. Sin embargo, creo que existen muchos casos de personas que de forma continua están atendiendo a los demás de manera poco agradable y que, a veces, consiguen incluso hasta amargar el día a aquéllos con los que se cruzan.
Pongamos como ejemplo a las enfermeras
En muchas ocasiones uno acude al médico con miedo, dolorido o nervioso, y lo que encuentra detrás del mostrador o ventanilla es a una señorita que le trata como si le estuviera haciendo un favor.
“Muy bien, tendrá un mal día” decides pensar. Pero cuando tienes que volver a encontrarte con esa persona en sucesivas ocasiones y descubres que lo único que le ocurre es que es así de antipática, te preguntas porqué sigue ahí. Seguramente será una gran profesional, pero sería mejor para todos si no tratara con seres humanos.
Esta reflexión es extrapolable a todos los empleos en los que se tiene una relación directa con el público en general, sólo que no es lo mismo que a uno le sirva un café una persona más o menos simpática, a que estemos hablando de resolver problemas de salud o de otra índole de tal importancia.
Hablo con gente de diferentes sectores sobre el tema y todos dicen lo mismo “Es que viene cada uno que ni te imaginas…”, bueno también en mi trabajo me sacan de quicio algunas cosas, el ordenador se cuelga y bloquea, borra archivos importantísimos y no por eso la emprendo a golpes ni a gritos con la máquina. Sin embargo sé que hay gente que eso no lo soportaría, porque prefiere no tener nada que ver con cacharros.
Es más, quizá si estoy trabajando con un grupo reducido de personas y máquinas es porque un día decidí que tratar con decenas de personas cada día no estaba hecho para mí…¿por qué hay gente que se empeña en hacerlo si no lo soporta?, ¿nunca se han parado a pensar en cómo les gusta a ellos que les traten cuando salen fuera o cuándo tienen necesidad de que les atiendan? y lo más importante ¿en cómo puede afectar su forma de actuar en los demás?
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17 de Enero de 2008 - 20:33
Leticia,
Te recomiendo el artículo de Arcadi Espada del 5 de enero sobre la atención médica en un hospital de Barcelona:
http://www.arcadiespada.es/2008/01/05/5-de-enero/
Con perlas como esta:
“Otro médico quiso explicarles a las dos mujeres cómo lo veía él. Su tono era, en sí mismo, pura epidemia, la prueba de que quizá hayan cedido todos los esfínteres. Les dijo que su padre era uno de esos pacients titella (te lo dejo en la lengua original para hacerlo más potentemente vernáculo). Ellas al principio no comprendieron porque titella, como sus equivalentes castellanos títere o marioneta, tiene connotaciones complejas. Pero sólo quería decirle, el buen doctor, que son pacientes colgados de un hilo. Es cierto, eso sí, que tuvo la delicadeza de no indicarles que el hilo eran ellas.”
15 de Noviembre de 2008 - 14:43
Trabajo cara al publico y como todo el mundo tengo momentos buenos y momentos malos…ultimamente no estoy contenta con la manera que tengo de atender a la gente, no me lo paso bien y trabajar es casi un sufrimiento en sí. Odio a la gente, vienen a comprar sin saber lo que quieren, señores si no saben lo que buscan esperen que les saco el catálogo y les explico para que sirve cada uno de los 700 productos que tengo en stock…
Luego se respaldan en “perdona la molestia..me puedes explicar como se hace esto?” si por supuesto, espere que saco el pupitre y le enseño desde como encender su ordenador hasta como pasar sus archivos del pc a su memoria extraíble…por su puesto…siguiente persona…más de lo mismo, es horrible.
Mi trabajo me gusta por que tengo responsabilidades, tengo que aprender continuamente, tengo un jefe muy guay, y no pagan mal…pero estoy pensando de dejarlo por que cada día es un suplicio…
Pido perdón al que trate mal y no se lo merezca, pero estoy lo que se puede decir, quedad@…muy mucho.
Me gustaría poder disfrutar con mi trabajo cara al publico pero es imposible de momento…