Cuando la infraestructura desequilibra el ambiente laboral

febrero 11, 2010
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Trabajar en un entorno grato es uno de los aspectos más valorados a la hora de medir la satisfacción laboral. La mezcla entre compañeros agradables, jefes comprensivos, sueldos justos y atractivos beneficios, pareciera ser la base de un trabajo de ensueño. Pero ¿qué pasa cuando el espacio físico en que confluyen todas estas maravillas dista mucho de ser confortable? ¿seguimos igual de complacidos?

Lo cierto es que el factor infraestructura incide directamente en el desempeño y satisfacción en cualquier trabajo. Seguramente cientos de veces hemos oído la expresión “cómo quieres que esté bien si trabajo todos los días encerrado en un cubículo”. Una frase que arrojada de golpe puede parecer exagerada, pero imaginemos por unos segundos el siguiente escenario: paredes blancas, sin ventanas ni decoración, un mueble extenso con divisiones cada un metro, y el infaltable silencio que sólo se atenúa ante el sonido de un teléfono o el ruido del teclado. Sin duda, un panorama desalentador.

María Victoria es profesora de enseñanza básica y realmente le apasiona su trabajo. Hace unos meses llegó a una escuela en una linda ciudad del sur del país, con alumnos respetuosos, buen sueldo y amplias libertades. Pero, lamentablemente, el establecimiento no contaba con las condiciones adecuadas para sacar adelante una clase, y eso terminó por desmotivarla y afectarla emocionalmente.

Dedicarnos al oficio o a la profesión que siempre soñamos, no es garantía de que todo vaya a marchar como queremos. Hay cientos de factores externos que inciden de forma favorable o perjudicial en el alcance de los objetivos. Incluso algo aparentemente tan superficial como la infraestructura de un lugar, puede ser decidor a la hora de continuar en un empleo.

Luego de cinco meses de batallar en un espacio reducido, sin ventilación y donde ni siquiera existían las comodidades mínimas para los alumnos, Victoria comenzó a evaluar la posibilidad de dejar el trabajo, eso, a pesar del inmenso cariño que tenía por “sus niños”.

Casos como este no escasean. Muchos de los llamados trabajos de oficina deben lidiar con entornos poco amigables y con tecnologías que no necesariamente alivianan la tarea. A veces usar Internet más que una ayuda puede convertirse en un gran dolor de cabeza, sobre todo cuando el tiempo apremia y el administrador corre a paso de tortuga.

De seguro, situaciones como esta pueden irritar incluso al ser más apacible. Ahora bien, si logramos combatir, o acostumbrarnos a la lentitud de los sistemas y a los lugares poco armoniosos, ¿podremos dejar en segundo plano los dolores de espalda, de cabeza, la tendinitis incipiente, incluso el estrés?

Finalmente, María Victoria decidió renunciar. Se sentía frustrada y poco comprendida por sus superiores, que sólo se preocupaban del aspecto académico y muy poco de los recursos básicos para conseguir mejores resultados. Hoy, siente que es un etapa superada y que, a fin de cuentas, le sirvió para madurar y fortalecerse como profesional.

Si bien muchas de las soluciones a estos problemas dependen de terceros y escapan de nuestro alcance, podemos tomar alguna medidas para atenuar la pesadumbre. Por ejemplo, es recomendable escuchar música que eleve nuestro ánimo y nos mantenga pensando en positivo. También, hacer una pausa para despejarnos, tomar aire y aclarar las ideas. Son cosas sencillas, pero de seguro nos ayudarán a terminar el día de forma más optimista y olvidarnos que no contamos con la infraestructura adecuada para realizar nuestro trabajo.

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