Cuando uno lo analiza es lógico: los compañeros de trabajo ocupan un lugar tan importante en nuestras vidas que al final terminan siendo nuestros amigos.
Una jornada normal es de unas 8 horas. Si a eso le sumamos el tiempo para la comida y algunas horas extra, es claro que pasamos la mayor parte de nuestro día con nuestros colegas. Es por eso que resulta casi natural que las relaciones con esas personas se vayan afianzando hasta, en muchos casos, terminar en amistad.
Pero no siempre es así. A veces, de hecho, tanta cercanía produce cierto rechazo o tensión, y hay gente con la que no quieres compartir ni un minuto después de la hora de salida. La convivencia nunca es fácil…
La pregunta que a veces me hago es, ¿será conveniente mezclar ambos mundos, el personal y el profesional? ¿Qué es mejor? ¿Amistad o relaciones meramente profesionales? ¿Compartirlo todo o trazar una línea?
Un artículo que apareció en 2004 en Noticiasdot.com daba cuenta de un porcentaje interesante (discreto, pero llamativo) de directivos que no tenían (ni querían) tener amigos en el trabajo, y que muchas empresas fomentaban un clima de desconfianza para mantener el control.
Me sorprenden estos resultados. Soy de las que piensan que, si bien no vamos a la oficina a hacer amigos sino a trabajar, siempre es agradable tener buenas relaciones con los compañeros, y si conoces a alguien afín, ¿por qué no ser amigos?
Además de ser natural, creo que hacer amigos en el trabajo fomenta un clima ameno para desarrollar las labores cotidianas y eso, definitivamente, mejora la comunicación y la productividad. Eso es lo que señala un artículo de El Universo aparecido en 2006.
Pero, ¿cuándo comienza a ser un problema la amistad en el trabajo? No sé si haya un límite, pero hay situaciones que controlar:
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Cuando el clima es tan distendido que se pierde la concentración entre chistes, bromas y celebraciones constantes.
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Cuando los roces y altibajos de la amistad se trasladan a lo profesional, y un malentendido fuera de la oficina afecta el trabajo diario.
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Cuando la gente se niega a trabajar en equipo con aquellos que no son sus amigos.
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Cuando se establecen grupos cerrados que impiden que los demás se integren.
Parece lógico pensar que se trata de un equilibrio. ¿Cómo establecer el de uno? ¿Cómo saber hasta donde es sano ser amigos en el trabajo? Cada quien establece su propia fórmula…
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12 de Junio de 2008 - 16:44
Un trabajador promedio pierde más de hora y media al día en temas personales y en relacionarse con sus compañeros. Asimismo, muchos empleados van juntos al gimnasio luego del trabajo, salen en grupo los fines de semana y encuentran pareja para relacionarse sexualmente, sentimentalmente o ambas.
Las empresas ven este hecho como un serio problema y tratan de evitarlo a toda costa, ya que va en detrimento de la productividad, pero llevar al límite esa estrategia puede ser contraproducente y desembocar en el Síndrome de Burnout.
Pero…Los empleados pueden encontrar motivación en su trabajo por el simple hecho de encontrase a gusto en la oficina, por eso deben tener un cierto grado de flexibilidad para relacionarse en la empresa, tiempo para hacer un hueco en el trabajo y tomarse unos minutos para sus cosas personales e incluso para hacer alguna gestión no relacionada con la empresa. Una “pérdida de tiempo” que es tanto más rentable para la empresa cuanto más creativa es la tarea para el trabajador.
Saludos
SM
18 de Junio de 2008 - 3:25
Totalmente de acuerdo contigo, Senior Manager, siempre y cuando tomemos en cuenta justamente eso: que el clima organizacional, por agradable, aumente la productividad.
Nada se gana con un ambiente de oficina muy simpático donde nadie produzca…
12 de Septiembre de 2008 - 7:02
[...] temas que llegaban desde el corazón…(o no ) “Cláusula final: No te enamorarás”, Amigos en el trabajo, Me enamoré de mi jefe, Mi mesa y esa cosa rosa que cuelga del cajón, ¿Trabajas para vivir o [...]