
Pasamos la mayor parte del tiempo en nuestro lugar de trabajo. Un día, que te sientes más alegre, más segura, decides charlar con ese compañero tan majo que siempre te sonríe cuando coincidís al ir a por un café. En realidad, muchas veces tú no tomas nada, pero desde ese momento la máquina expendedora tiene en ti a su cliente más fiel.
Otra vez, puede suceder que por ser amable no termines ese informe que “puede esperar un día más” y acompañes hasta la misma puerta de su casa a la compañera cañón del departamento, y ya puestos, te quedes con ella a pasar la noche, por aquello de llevarla a la mañana siguiente de vuelta a la oficina. Es muy probable, que también, cuando el jefe pregunte que dónde está el informe, ella responda que tú eras el responsable de hacerlo.
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