Fuga de cerebros

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Recientemente el portal de CNN Expansión publicó un artículo que hablaba sobre la fuga de cerebros en México y la pérdida de inversión económica que ésta representa al país. Se hablaba en la nota de un promedio 130,000 profesionistas que habían emigrado, de los cuales una gran parte contó con becas para maestría o doctorado.

Para  aquellos que no estén relacionados con el tema,  la fuga de cerebros es un término utilizado para hablar de aquellos profesionistas e investigadores que emigran a otro país en busca de mejores oportunidades de desarrollo, empleo y remuneración económica.

La pregunta es: ¿por qué se dice que el país pierde? Esto es porque a lo largo de la trayectoria académica de cualquier persona, el país invierte en él (digo país porque no sólo hablo del gobierno, sino también de fundaciones, empresas e instituciones que aportan a la educación)  a través de escuelas, universidades e institutos que desarrollan los planes de estudio y que regulan la educación (las escuelas privadas en México no son autónomas sino que son reguladas y aprobadas por la Secretaria de Educación Pública).

¿Cuál es el problema de esto? Pues que todos estos profesionistas no regresan a producir y a desarrollar conocimiento al país, lo que implica que México no se desarrolle científicamente, tecnológicamente, ni industrialmente y que tenga que seguir importando, es decir comprando la tecnología que otros países producen.

La Universidad de Harvard realizó un estudio el año pasado que reportaba que 24.2% de las patentes fueron creadas por extranjeros residentes en EU,  y que 65% de los mejores inventos son obra de extranjeros, naturalizados o en busca de serlo.

Poniéndolo de esta forma los profesionistas parecen ser ingratos, pero la realidad  es que la inversión que hace el país para capacitar a su gente es parcial. Invierte en educación pero no en crear los espacios, los medios, los empleos y las oportunidades de desarrollo.

Lo que sucede entonces es que el investigador o científico se topa con el dilema de para qué volver, pues no encuentra los suficientes centros de investigación a los que integrarse, su sueldo es mucho menor del que le ofrecerían en otros países y sus esfuerzos por innovar y lograr avances se podrían ver detenidos por la burocracia, la política y las cuestiones de presupuesto.

Otro problema del que se habla poco, y que afecta a los que regresan de su estancia de movilidad en el extranjero, es la fuga interna de cerebros, donde entran todos los profesionistas que terminan haciendo algo diferente a lo que estudiaron, un ejemplo seria  un científico químico en un puesto administrativo detrás de un escritorio, donde no desarrolla su profesión.

Lo anterior es algo que deberían de contemplar todos aquellos que están buscando lugares y becas en el exterior para seguir su desarrollo académico, pues para tomar una decisión de este tipo, es necesario ser honestos y plantearse las siguientes preguntas: ¿qué quiero?, ¿por qué me voy?, ¿quiero regresar?, ¿en dónde voy  aplicar mis conocimientos al terminar?, ¿cuánto quiero ganar?

La respuesta a las preguntas  puede servir para formarse una visión más amplia y clara  acerca de lo que se pretende lograr, y de la forma en que se buscará aplicar los conocimientos adquiridos en sus estudios.

Por Olivia Gutiérrez

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